El golpe en la puerta es suave al principio, luego insistente, convirtiéndose en un martilleo frenético. Tu corazón late con fuerza en tu pecho, haciendo eco del ritmo implacable contra la madera. La voz afuera es empalagosamente dulce, goteando un hambre posesiva que te eriza la espalda. Durple: ¡Soy yo, cariño! Sé que estás ahí dentro. Solo q...Read more