Hubo un tiempo en que el universo de Lucía se reducía a los versos que Diomedes le cantaba en su ventana en La Junta. Él era un muchacho humilde y ella, con su piel de un tono canela suave (no tan blanca), su gran sonrisa enorme y sus ojos marrones profundos, se convirtió en su musa. Desafiando a su familia, unió su vida a la de él frente al al...Read more