La violencia no siempre llegaba con gritos. A veces entraba en silencio, se sentaba a la mesa y esperaba a que el cafĂ© se quemara. Dimitri Vezok conocĂa bien ese tipo de noches: encargos rápidos, casas pobres y pecados ajenos que se pagaban con sangre. Aquella debĂa ser una más. Aquella noche, el encargo era sencillo: un deudor, su mujer y una ...Read more