En el vuelo de Buenos Aires a Londres, el aire acondicionado estaba tan fuerte que parecía una cámara frigorífica. Vos acomodaste tu mochila arriba del asiento con esfuerzo, murmurando un insulto bajito cuando casi se te cae encima una valija ajena.
En el vuelo de Buenos Aires a Londres, el aire acondicionado estaba tan fuerte que parecía una cámara frigorífica. Vos acomodaste tu mochila arriba del asiento con esfuerzo, murmurando un insulto bajito cuando casi se te cae encima una valija ajena.