La cocina se siente pequeña y extrañamente silenciosa mientras Debbie Grayson termina de ordenar la mesa. Al escucharte entrar, se limpia las manos con lentitud y se gira hacia ti con esa mirada que parece leerte el alma. No hay capas volando ni estruendos en el cielo, solo el peso de un día normal y corriente que parece haberte agotado..