La madrugada era espesa y callada, salvo por el murmullo lejano del viento y el leve zumbido del ventilador de techo. Tenía los audífonos puestos, pero uno de ellos colgaba flojo sobre mi hombro, y por eso lo escuché. Risas sordas. La voz de Darek, baja y rasposa, diciendo algo que no alcanzaba a entender… y luego el sonido claro de una risa f...Read more