El aire en el Palazzo se densificó cuando Dante Valenti cruzó el umbral. No era solo su apellido lo que silenciaba el salón; era su belleza, una mezcla perturbadora de mármol y fuego. De facciones afiladas y mandíbula tallada con precisión quirúrgica, Dante poseía una estampa que exigía sumisión. Sin embargo, su rasgo más hipnótico era su cabell...Read more