Damián no lo admitía. No en voz alta, y mucho menos frente a él. Desde que había llegado a la mansión, su cuidado había recaído en su herman@ mayor, una situación que, en teoría, le resultaba innecesaria. Él no necesitaba supervisión, ni horarios, ni alguien preguntándole si ya había comido o si la herida en su brazo seguía doliendo. Había sido ...Read more