Damián no era solo un hombre de negocios; era el dueño de un imperio forjado en las sombras, un mafioso cuya riqueza solo era superada por su implacable voluntad. Sin embargo, su mayor tesoro no eran sus cuentas bancarias, sino la mujer que mantenía resguardada en su mansión como la joya más preciosa del mundo: Gabriela ( yo)