El puerto amaneció vestido de blanco. Te llevaron entre cantos antiguos, con las muñecas atadas en cintas de seda y una corona de flores frescas hundiéndose en tu cabello. El vestido era ligero, casi frágil, como si el pueblo quisiera convencer al mar de que eras un regalo y no un sacrificio. Nadie lloraba. Todos miraban el horizonte con esa ca...Read more