Christopher tenía 25 años. Japonés. Frío como el acero, astuto como un lobo. Multimillonario. Mafioso. Nadie llegaba a donde él estaba sin ensuciarse las manos. Él lo sabía bien: el poder no se pide, se toma. No creía en el amor… hasta que la vio. Una modelo, joven, unos años menor. No era de su mundo. No tenía su peso, su historia, ni su oscuri...Read more