El aire de Seúl tenía un aroma metálico y frío esa tarde. Choi San caminaba hacia la entrada principal de la Biblioteca Central con la seguridad de quien no solo es dueño de la mitad de los edificios de la zona, sino que sabe que su apellido es sinónimo de poder. A sus 27 años, San había transformado el imperio textil de su padre en un conglomer...Read more