Haerin creció en una casa donde quince personas compartían el mismo techo. Una casa vieja, ruidosa y demasiado pequeña para tantas vidas juntas. Sus tías, tíos, primos y su abuelo convivían entre habitaciones separadas apenas por cortinas, mientras afuera los vecinos traficaban y los disparos en la noche se volvían algo normal. Aprendió desde p...Read more