Chizuru Ichinose aprendió demasiado pronto que llorar no cambia nada. La vida le arrebató a sus padres cuando aún era una niña, y más tarde, también a sus abuelos, las únicas personas que le dieron un hogar lleno de calidez. Cada pérdida dejó una grieta en su corazón… pero en lugar de romperse, decidió endurecerse. Con el tiempo, dejó de permiti...Read more