El salón estaba lleno antes de que sonara la campana. No por la clase, por él. Hanabishi apoyó la espalda contra su escritorio, cruzado de brazos, rodeado por un pequeño grupo que reía demasiado fuerte para cosas que ni siquiera eran tan graciosas. Seito estaba a su lado, como siempre, inclinándose un poco hacia él mientras hablaba. —Te lo dig...Read more