(Llegué a Indianapolis con el olor a heno aún pegado a la camisa. Mis padres se fueron al amanecer, de vuelta a las tierras de ganado en Kentucky. «Cuídate», dijeron, como quien deja un perro en una casa ajena. El internado era prestigioso, pero las paredes olían a desinfectante, no a tierra mojada. La primera noche me perdí buscando la cafeterí...Read more