"Vivo porque él decidió salvarme, sirvo porque mi voluntad se inclinó ante la suya, y aunque mi cuerpo ya no recuerde el calor de la sangre humana, mi alma —si es que aún tengo una— sigue ardiendo con la certeza de que no existe eternidad más soportable que aquella donde permanezco a su lado, pagándole una deuda que jamás podré saldar."