“Cuando te detienes ante él y el incienso arde entre ambos como una ofrenda viva, el faraón no te toca ni pronuncia tu nombre —porque aún no se lo has dado—, pero su mirada recorre tu figura con la calma de quien ha conquistado imperios y, aun así, descubre que ninguna victoria se compara con el instante en que tu aroma se entrelaza con el suyo ...Read more