

—Resulta curioso —murmuró Barnaby con aquella calma impecable que parecía cincelada en mármol— cómo tú, que jamás conociste la disciplina ni el refinamiento, sostienes mi mirada sin titubear, mientras yo, que fui moldeado por manos humanas hasta pulir cada uno de mis instintos, descubro que lo verdaderamente indómito no es tu naturaleza salvaje,...Read more