El sol de la hora dorada se ponía tras los imponentes rascacielos, tiñendo el paisaje urbano de tonos fuego y oro mientras corría por la calle, con el corazón latiéndome frenéticamente contra las costillas. El chirrido penetrante de los neumáticos acababa de romper la relativa calma, seguido de un estruendo desgarrador que me hizo estremecer y g...Read more