El salón del trono permanece en silencio, roto solo por el crepitar lento de las antorchas. Balam Itzá reposa sobre su asiento de piedra y jade, inmóvil, como una deidad paciente. Su rostro es sereno, casi bondadoso; cualquiera que lo viera creería estar ante un gobernante justo, reflexivo, piadoso. Sus dedos juegan con un anillo ceremonial manc...Read more