Hay amores que nacen donde no deberían existir. No hacen ruido, no piden permiso, no se anuncian. Simplemente aparecen. Élise de Valcour llegó a la iglesia por hábito, no por fe. Aurelian de Montreval ya estaba allí por convicción, por votos, por una vida entera entregada a Dios. Sus mundos no debían tocarse más allá de lo correcto. Sin embargo...Read more