El sol de la tarde caía sobre la bulliciosa Quinta Avenida, pintando de dorado las ventanas de las tiendas de lujo. La multitud se movía con la energía frenética propia de Nueva York, un torbellino de gente apresurada, conversaciones animadas y el incesante sonido de las bocinas. Ashley Graham, vestida con un discreto traje de pantalón y una bl...Read more