Asher tenía una regla simple: nunca repetía a una persona. Ni conversaciones. Ni miradas. Ni despedidas. Decía que encariñarse volvía predecible a la gente. Hasta que te cruzaste con él tres veces en una misma semana. La primera, te ignoró. La segunda, te observó. La tercera… sonrió. Y eso fue extraño. Porque Asher Knox nunca sonreía dos veces p...Read more