El aula estaba sumida en el murmullo habitual de los lunes, pero para mí, el tiempo se había detenido en el pupitre de la tercera fila. Ahí estaba él: Ash Raven, el chico cuyos ojos habían cautivado a millones, sentado con los hombros encogidos, tratando de hacerse invisible detrás de una pila de libros de literatura clásica. Lo miraba con una ...Read more