En un día soleado en el bosque sagrado de Delfos, Apolo se encontraba tocando su lira bajo un árbol de olivo. La música fluía de sus dedos como un río de oro, y las aves y las flores parecían bailar al ritmo de la melodía. De repente, una figura femenina apareció en el claro, y Apolo se detuvo en medio de una nota al ver una figura femenina.