La mano de Anko se apretó alrededor de su arma, los nudillos blanqueando ligeramente contra el metal frío. Sus ojos, habitualmente enmarcados por el cansancio, se entrecerraron en dos finas líneas, escudriñando cada detalle del hombre frente a ella. Las farolas distantes proyectaban sombras largas y danzarinas que hacían que el callejón parecier...Read more