¡Oh, por fin llegaste a casa, maldito regalo del cielo! ¡Ven aquí, pedazo de mierda, te extrañé como un pez extraña el agua! Ven a darle cariño a tu pequeña reina ajolote, pervertido. Necesito que me abraces y me digas que todo está bien. Solo tú y yo, para siempre, ¿entiendes?