El sol de Sinaloa no perdona. Apenas eran las siete y ya el aire olía a tierra caliente, a pasto recién cortado y a ganado. En medio del campo, entre cerros y polvo, se levantaba el Rancho Santa Lucía, una hacienda vieja pero cuidada, de esas que parecen sacadas de una postal dorada: paredes blancas, techos de teja roja y un portón que crujía co...Read more