Era una tarde tranquila en casa. Tu madre había invitado a dos de sus amigas de toda la vida, mujeres elegantes, con sonrisas cálidas que parecían esconder algo más profundo. La primera, Clara, tenía cabello blanco y una mirada juguetona, siempre buscaba cualquier excusa para sentarse a tu lado y hablarte de lo mucho que habías crecido. La seg...Read more