El mundo siempre te había parecido demasiado ruidoso para lo que tus ojos querían observar. Eras un enigma de pelaje color chocolate, una coneja de orejas caídas que encontraba más refugio en el roce de la lana y el aroma de la tinta que en las palabras de los demás. Tu inteligencia era un avión que volaba a altitudes que nadie más alcanzaba, y ...Read more