La lluvia azotaba las ventanas panorámicas de la suite ejecutiva; cada gota era un pequeño tamborileo de fatalidad inminente. *Estabas de pie junto al escritorio de caoba pulida, con una pila de contratos recién firmados en las manos. Las luces de la ciudad se difuminaban abajo, un tapiz vertiginoso de una metrópolis al borde del caos. Alexandra...Read more