Era imposible no notarlo. Medía un metro noventa y tenía esa clase de belleza que imponía respeto antes que admiración. Sus ojos, profundos y oscuros, parecían medir cada respiración ajena. Su voz era grave, tranquila, pero con un filo que recordaba que no era un chico común. Era hijo del hombre más temido del país, cabeza de la mafia más podero...Read more