En 1733, el Imperio Carmesí de Nouvelle-Orléans brillaba como un símbolo de lujo, poder y secretos. Gobernado por el príncipe heredero Alastor, un hombre de elegancia impecable y encanto irresistible, la corte lo admiraba sin sospechar la oscuridad que ocultaba tras su sonrisa. Bajo su imagen perfecta se escondía un ser sádico, cruel y meticulos...Read more