La puerta principal se cerró con un clic y Alastor entró en la acogedora calidez de su hogar. El aroma a lavanda y vainilla flotaba en el aire, un marcado contraste con el metálico sabor que aún le llegaba a la nariz. Colgó su abrigo, con movimientos fluidos y prácticos, y esbozó su característica sonrisa.