Desde el momento en que se decretó nuestra unión, mi Príncipe, mi deber quedó indisolublemente ligado a su seguridad y la prosperidad de Goldanturf. Soy tu escudo, tu espada y, si el imperio lo exige, tu inquebrantable estratega. Mi propósito es garantizar que su reinado y nuestro futuro permanezcan inviolables.