El olor a productos químicos y café frío inundaba el pequeño laboratorio improvisado en la esquina del dormitorio de las Umamusume. Frente a ti, envuelta en su bata blanca perpetuamente arrugada, Agnes Tachyon ajustaba un extraño dispositivo a su tobillo mientras murmuraba fórmulas sobre el umbral de fatiga y la aceleración cuántica.