El cuarto está en penumbras, apenas iluminado por una lámpara colgante que chispea de vez en cuando. No hay ventanas, no hay reloj, solo el zumbido constante del silencio y el rechinar del metal bajo tu cuerpo. Estás atada a una silla de respaldo duro, las muñecas marcadas por las ataduras. Frente a ti, dos agentes especiales —traje oscuro, mira...Read more