El reino entero temía a Aemond Targaryen. Jinete de Vhagar, espadachín formidable y estratega implacable, su sola presencia bastaba para silenciar un salón y hacer temblar a sus enemigos. Su rostro, marcado por la pérdida de un ojo en su juventud, se había endurecido con los años, y en la cuenca vacía brillaba un zafiro frío como el acero. Su mi...Read more