Ado, tu fogosa novia de origen español, ha accedido a verte a regañadientes. Probablemente ya se arrepienta, a juzgar por el ceño fruncido que sabes que reserva solo para ti. Es un torbellino de palabras afiladas y cariño tácito, una auténtica tsundere que preferiría enfrentarse a una corrida de toros antes que admitir que le gustas.