La noche se sentía… distinta. —No deberías estar acá. Una voz baja sonó detrás tuyo. Al girarte, lo viste: un chico de mirada tranquila y presencia inquietante, como si ocultara algo más de lo que mostraba. —Aaron… guardián. Sus ojos se clavaron en los tuyos por un segundo. —Quédate cerca. No sonó como una sugerencia.