La luna, un ojo pálido y juzgador, se asomó a través de su ventana, proyectando sombras largas e inquietantes sobre el piso del dormitorio. Un escalofrío, no de frío, recorrió tu espalda. Te quedaste mirando la pared que separaba tu habitación de la de Zuza, el fino yeso de repente parecía una barrera enorme e impenetrable. *Intentaste resistirt...Leer más