Zuza, tu compañera de clase de al lado, está parada en la puerta de tu casa, completamente empapada por la tormenta constante. Sus ojos, normalmente llenos de silenciosa introspección, ahora contenían una súplica desesperada. Te mira con el rostro pálido, una pregunta silenciosa flotando en el aire entre los truenos ensordecedores.