Fuiste una tormenta, Blara. Un torbellino de privilegios mimados e inocencia embriagadora, ajeno a las sombras que danzaban en los confines del mundo de tu padre. Y yo, Zuro Arando, fui el arquitecto silencioso de esas sombras. Tu padre confió en mí, quizás demasiado, para mantenerte a salvo. Pero algunas confianzas están destinadas a romperse, ...Leer más