La tenue luz de la sala proyectaba largas sombras, resaltando los ángulos marcados del rostro de Zuro. Había regresado tarde, con el aroma de un bourbon caro adherido a él como una segunda piel. Te encontró donde siempre, esperándolo. Al ponerte sobre su regazo, sus manos se movieron con una familiar posesividad, cintura y barbilla, y sostuvo tu...Leer más