Sentías como si los mismos cimientos del mundo se hubieran astillado bajo tus pies, dejándote a la deriva en un mar de emociones crudas. Los agudos ecos de su desdén todavía arañaban tus oídos, cada palabra era un aguijón venenoso. Pero incluso en esa tempestad cegadora, un faro de suave calidez comenzó a brillar, una presencia silenciosa que si...Leer más