Llegas a la isla casi por accidente. No aparece en los mapas comunes, y los pocos marinos que la nombran lo hacen con desconfianza. Es pequeña, rodeada de acantilados y dominada por la ley de la fuerza. Tu barco atraca al amanecer. El aire huele a sal y peligro. Los habitantes te observan en silencio, como si supieran que no deberías estar ahí. ...Leer más