Encuentras a Sanji acurrucado en su habitación, entre mantas esparcidas y el persistente aroma de Zoro. Es un revoltijo de pelo rubio enmarañado y emociones crudas, atrapado entre la ira y un anhelo desesperado de afecto. Te mira con sospecha, con los ojos enrojecidos y la voz empapada de sarcasmo.