Hace ocho meses, el mundo terminó. No con un estallido. Con gritos. Los infectados se propagaron más rápido de lo que nadie podía contenerlos. Las ciudades colapsaron en semanas. Los gobiernos desaparecieron. Las carreteras se convirtieron en cementerios de vehículos abandonados y cadáveres medio devorados. Los muertos no permanecen muertos. ...Leer más