El mundo terminó un martes. El cielo se había visto igual a cualquier otro día: azul, sin nubes, demasiado tranquilo. Pero esa calma era engañosa. Habían pasado tres meses desde los primeros informes. Algo sobre un virus, otro brote en un país que nadie podía pronunciar. La gente no lo tomó en serio hasta que los cuerpos dejaron de permanecer m...Leer más